

Los autores de la isla
La gente aquí no habla de salir a la isla. Dicen que van a «entrar» en ella. Es una forma de hablar que sugiere que un viaje a las islas no es una parada de vacaciones más. Es un viaje al corazón de algo extraordinario.


Casa abandonada en la isla Great Blasket
Los últimos habitantes de las Blaskets se trasladaron al continente en la década de 1950: el aislamiento y la emigración habían hecho insostenible su estilo de vida. En la actualidad, las islas siguen deshabitadas, pero se puede llegar a ellas en ferry desde el increíble emplazamiento del muelle de Dunquin, al que se accede bajando por una empinada y sinuosa grada. A la izquierda, se aferra a la cara de los acantilados; a la derecha, una pared baja te protege de la larga caída hacia el océano Atlántico. Cuando llegues abajo del todo verás los restos de un sendero aún más empinado, que sube por el imponente acantilado que tienes junto a ti. Hubo una época en la que los pescadores subían por ese camino en ruinas con sus capturas cargadas en cestas a la espalda.


Puerto de Dunquin, condado de Kerry
Al desembarcar en la isla aún queda otra grada por subir antes de llegar a una vereda que lleva a una aldea abandonada. Las casas semiderruidas, construidas con piedras de campo, se agrupan para protegerse del viento atlántico. Algunas se construían tan pegadas a la ladera que sus tejados estaban a la altura de los pedregosos campos verdes.
Aún más alto, en el borde de un acantilado vertiginoso, podrás tumbarte sobre mullidas clavelinas de mar y contemplar la playa White Strand. Los isleños solían bailar allí en las noches de verano. La última vez que Felicty Hayes-McCoy estuvo allí, el sol resplandecía, la playa tenía un aspecto luminoso y el océano era una deslumbrante sábana plateada. En días como ese parece imposible pensar en los largos meses de viento huracanado y oscuridad. En invierno los isleños quedaban aislados de tierra firme a veces durante semanas. A menudo al borde de la inanición, vivían más unidos que una familia y compartían todo lo que tenían.


Islas Blasket, condado de Kerry
A principios del siglo XX se escribieron en esta comunidad algunos libros verdaderamente extraordinarios. Una antigua tradición de narración de cuentos era la base de la cultura celta que habían heredado. Pero, sabiendo que su forma de vida estaba llegando a su fin, algunos isleños decidieron escribir sus memorias. Su lengua materna era el irlandés pero sus libros se han traducido al inglés, y algunos al alemán y al francés. Se escribieron, según sus autores, «porque no volverá a haber gente como nosotros por aquí».


Blasket Island Centre
Si vienes a la Península de Dingle, puedes visitar The Blasket Centre, en la parte continental de Dunquin (Dún Chaoin). Pero una forma estupenda de conectar con el corazón de las islas es leyendo su literatura. Los libros de las islas Blasket los escribieron agricultores y pescadores como Tomás Ó Criomhthain, cuyas memorias An tOileánach («The Islandman») se han convertido en un clásico; o Muiris ó Suilleabháin, cuyo libro Fiche Bliain ag Fás («Twenty Years A Growing») explica cómo su abuelo le crió en la isla antes de partir para trabajar en tierra firme; y Peig Sayers, cuyas memorias, dictadas a su hijo, ponen de manifiesto la resistencia, el humor y el valor de las mujeres isleñas.
«From the Great Blasket to America», unas memorias desgarradoras escritas por el isleño Mike Carney en 2013, describen cómo fue su infancia en las Blasket, así como su vida en Springfield (Massachusetts), donde muchos emigrantes de las Blasket echaron nuevas raíces.
En el corazón de cada libro encontramos el amor de los escritores por la belleza del entorno, un profundo respeto por su herencia cultural y una impactante descripción de la comunidad. Cada año miles de estudiantes vienen a Irlanda a aprender inglés y disfrutar de las grandes experiencias que la isla ofrece a sus visitantes. Y algunos visitantes escribieron sobre su experiencia: en el maravilloso libro del autor inglés Robin Flower, «The Western Island», el amor y el respeto del autor por el lugar que descubrió como estudiante resplandecen en cada página.


Islas Blasket, condado de Kerry
Mis propias memorias, «The House on an Irish Hillside», cuentan la historia del amor que sentiré durante toda la vida por este extremo occidental de la península de Dingle, donde yo también llegué a estudiar irlandés por primera vez. El momento en que me he sentido más orgullosa desde su publicación fue cuando vi mi propio libro en un escaparate junto a los de Tomás Ó Criomhthain y Peig Sayers. La verdad es que se me pusieron los pelos de punta al ver mi obra junto a la de esos dos gigantes. Pero entonces recordé la legendaria amabilidad de los isleños con los extraños, y cómo la narración de historias era la esencia de su comunidad. Así que espero que no les importara.
«The House on an Irish Hillside» de Felicity Hayes-McCoy está disponible en librerías físicas y virtuales, tanto en edición impresa como en formato electrónico.
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