

La vista desde la casa del farero
Despertar envuelta en un entorno acogedor y cálido mientras el viento azota mi robusta casita. Tomar el café de la mañana en una habitación que fue el hogar de generaciones de fareros. Atreverme a permanecer tan cerca del borde del acantilado como mis temblorosas rodillas me permiten. Ver cómo se forman las olas a lo lejos y seguir su progreso en el mar a medida que crecen y se estrellan contra los acantilados en una explosión de espuma, agua y dramatismo.
Estos son solo algunos de los recuerdos que atesoro de mi feliz fin de semana de desconexión en la casita de farero de Loop Head, en el condado de Clare.


Loop Head, condado de Clare © Shutterstock
Me enamoré de la casita en cuanto la vi, un edificio de dos plantas y paredes blanqueadas situado en un terreno amurallado en el extremo de Loop Head. El propio faro, una torre completamente blanca que lleva aquí desde 1854, es como una presencia viva. Su brillante luz blanca parpadea cuatro veces cada 20 segundos y transmite una señal de advertencia y tranquilidad a partes iguales.
En su interior, imagino que el aspecto de la casita es muy similar al que tenía en su apogeo gracias a la delicada restauración del Irish Landmark Trust. Suelos de madera oscura, ventanas de guillotina con postigos y chimeneas en todos los dormitorios; es imposible que sea más auténtico. Hay concesiones a la comodidad, como una estufa de leña para mantener la sala de estar caliente, además de una cocina y un cuarto de baño modernos. Pero el objetivo de este lugar es poder alejarse del acelerado mundo moderno y simplemente… hacer una pausa.
Esto quiere decir que no hay televisión ni wifi, y que la intensidad de la señal del móvil puede variar. Si te preguntas cómo te entretendrás, no te preocupes. Loop Head tiene todo lo que necesitas.


Faro de Loop Head, condado de Clare © Shutterstock
Si vienes entre marzo y noviembre, puedes visitar el faro. Desde el balcón, las vistas de la Ruta Costera del Atlántico son espectaculares: desde las islas Blasket al sur, en el condado de Kerry, hasta Connemara al norte, en el condado de Galway. En otra de las casas de farero hay una exposición sobre la historia de los faros irlandeses.
Loop Head es un sueño para senderistas y ciclistas. Sus tranquilos caminos rurales me llevaron hasta lugares de interés fascinantes, como la pequeña arca de Kilbaha, una caja de madera con un altar en su interior que se desplegaba en la playa durante la bajamar para que los católicos pudieran practicar su fe en el siglo XIX.
Exploré los puentes de Ross, en su día un trío de arcos marinos espectaculares. Aunque solo uno sigue en pie, el paseo por la costa para cruzarlo vale la pena. Me atreví con la Ruta de los Acantilados de Kilkee, pero decidí dejar el chapuzón en Pollock Holes, un lugar de baño popular entre los lugareños, para cuando hiciese más calor.
En el cercano pueblo de Carrigaholt, estuve más cerca que nunca de los delfines gracias a una excursión en barco para avistarlos. El estuario de Shannon, donde el río más largo de Irlanda desemboca en el océano Atlántico, es el hogar de uno de los mayores grupos de delfines mulares de Europa.


Puentes de Ross, condado de Clare
De vuelta a mi acogedora casita después de un largo día paseando, descubrí una sorpresa en un armario de la sala de estar: una selección secreta de juegos de mesa, un tablero de ajedrez y puzles, el plan perfecto para una noche tranquila sin salir. Además, la lectura de los mensajes escritos por otros visitantes en el libro de visitas me aportó muchas ideas para mis actividades del día siguiente.
Pregunta a cualquier vecino y te dirá que no existe un «mejor momento» para ver Loop Head. Cada estación, cada día, ofrece algo especial, ya sea una sopa fresca de marisco en el pub Long Dock, en Carrigaholt, una sesión de música tradicional irlandesa en un pub de la zona como Keating’s, en Kilbaha, o Crotty’s, en Kilrush, o una fulgurante puesta de sol al final de un largo día de verano. Puede que el invierno no parezca un momento lógico para visitar la costa, pero salir en una clara y gélida noche de noviembre para escuchar los sonidos del océano Atlántico y contemplar millones de estrellas es un momento inolvidable para mí. Este lugar es pura magia.